Eco-Viajes

Estos días coincide la exposición de fotografías de S. Salgado en Caixaforum, Barcelona, con el documental de Wim Wenders sobre el fotoperiodista. A través del trabajo del fotógrafo brasileño bajamos a los infiernos de la ferocidad humana, aunque luego salimos a la luz. La parte tenebrista también aparece en la última película de C. Nolan, recién estrenada, aunque con un mensaje optimista cuando el ser humano consigue traspasar los "agujeros negros".

"Retratar a Sebastião Salgado implicaba que a veces te fotografiara él a ti". Un duelo de cámaras al que se refiere el director alemán Wim Wenders, que se ha acercado a la figura y a la obra del fotógrafo brasileño en el documental La sal de la Tierra. La estructura que sigue es cronológica y "conradiana"; en sus primeros trabajos Salgado se aproxima con una mirada limpia a África y a Sudamérica, a las naciones vecinas de Brasil –su país natal, del que salió por motivos políticos para establecer su residencia en Francia- aunque enseguida se ve atrapado en el corazón de las tinieblas –el genocidio en Ruanda, la hambruna en Etiopía, la masacre en la Europa balcánica-. La ferocidad del ser humano se expande por todos los territorios, por muy civilizados que parezcan, y ahí está la cámara de este fotoperiodista que va cambiando su mirada, ahora mucho más comprometida con el sufrimiento de los retratados. 


 
  Izquierda: Juliano Ribeiro Salgado, codirector del documental. Derecha: una mujer que espera turno en un hospital de Gourma Rharous, Mali.


En cuanto al formato narrativo, el director alemán -junto a Juliano Ribeiro Salgado, codirector del documental e hijo del protagonista- prescinde de aspectos superfluos, hasta llegar a un punto en el que sólo vemos las fotografías arropadas por el relato en "off" de Salgado. El trabajo habla por sí mismo. Wenders lo explica: "Se me ocurrió adoptar el enfoque de un director utilizando una especie de cuarto oscuro: Sebastião estaba delante de una pantalla, mirando las fotografías, mientras contestaba a mis preguntas. La cámara estaba detrás de la pantalla, filmando sus fotografías –por decirlo así- gracias a un espejo semitransparente. De esta forma miraba sus fotografías al mismo tiempo que al espectador".



Izquierda: Mina de oro en Sierra Pelada, Brasil, comparable a los fotogramas de Metrópolis de Fritz Lang. Centro: Salgado comenta sus fotos. Derecha: tribu de los zo´é, en Brasil


 
El hombre es la sal de la Tierra; a veces tintado por el carbón, (izquierda, mineros de Indonesia) y otras por el petróleo de sus entrañas (derecha, Kuwait durante la guerra del Golfo)



Izquierda: Fuego (campos petrolíferos ardiendo en Kuwait) y hielo (Siberia)


En La sal de la Tierra también hay espacio para los milagros, como la reforestación –un proyecto casi utópico de Lélia Wanick, esposa del fotoperiodista-  de parte de la selva amazónica con más de dos millones de árboles. Y la fundación del Instituto Terra, una ONG medioambiental con sede en un recinto donado por el matrimonio Salgado para la investigación.


En "Génesis", último de sus trabajos hasta la fecha –que se puede ver hasta febrero en la sede de Caixaforum en Barcelona- Salgado quiso mostrar un planeta primigenio, en el que la naturaleza no ha sido agredida por el hombre. Tras milenios de lucha, tal vez el ser humano aprenda la lección y sepa integrarse como parte del ecosistema. De no ser así, el futuro puede ser catastrófico. Algo parecido a lo que propone el director británico Christopher Nolan en su película Interstellar, actualmente en cartelera.


La película de Nolan y el documental de Wenders-Salgado comparten el espíritu explorador y el hallazgo de paisajes extremos. En Interstellar el viaje al corazón de las tinieblas es literal: los viajeros penetran en los agujeros negros de la galaxia. Además, la factura visual de la propuesta del director de Origen y Batman remite a la del documental sobre el fotógrafo. Los pingüinos barbijo de Salgado que caminan sobre el hielo de las islas Sandwich (al sur del Atlántico) recuerdan a los astronautas que se mueven en un planeta desconocido (Islandia, en realidad) de Interstellar.







       Fotogramas de La sal de la Tierra (arriba) y de Interstellar (abajo)