Eco-Viajes

A lo largo de la historia del cine y en muchas películas las aves están muy presentes, una aparición que responde a interpretaciones simbólicas. Es el caso de cuervos, búhos, lechuzas y palomas. Sonia Sánchez Recio repasa su aparición en películas como "Los pájaros" o "El gran año".
"Son hombres, si no compitieran se morirían", esta es la conclusión a la que llegan dos personajes femeninos de la película El gran año (David Frankel, 2011). Una actitud refrendada poco después por Bostick (Owen Wilson), uno de los protagonistas, que le dirá a su pareja: "Cariño, nadie se acuerda del que queda en segundo lugar". La competición consiste en avistar el mayor número de especies de aves de Norteamérica y superar así el récord anteriormente batido. El plazo es de un año, de ahí el título. Los alocados contrincantes que esperan ver reflejada su proeza en una revista especializada son –además de Bostick, un exitoso contratista-, Brad Harris (Jack Black) un informático con complejo de perdedor y Stu Preissler (Steve Martin) un rico empresario que no acaba de jubilarse. 



Fotogramas de la película El gran año


Los participantes recorren lugares con importantes poblaciones de aves como Coos Bay en Oregón, la isla de Attu –al oeste de las Aleutianas- en Alaska, e incluso algunos vertederos de Texas. Ciertas estrategias de los concursantes se identifican con las de las aves, como la técnica que emplea Bostick al conseguir que los demás hagan el trabajo más duro mientras él se lleva el botín –igual sucede con el oportunista págalo, que se aprovecha de los de su especie-. En otro extremo encontramos a Harris, que se compara con el chorlito dorado americano. "Es gris" -dice su padre-. "Sí  –responde el hijo- todos le subestiman, pero viaja a todas partes". Pero, ante todo están las "rara avis" de esta película: el pico picapinos, el albatros patinegro o el águila de cabeza blanca, que corteja a su pareja a base de artísticas acrobacias.



Izquierda: En El gran año hay un momento “hitchcokiano”.  Derecha: Los pájaros de A. Hitchcock

En El gran año sucede un momento de alteración aviar. De hecho uno de los personajes lo compara con lo sucedido en Los pájaros (Alfred Hitchcock, 1963); película -protagonizada por Tippi Hedren y Rod Taylor- cuyo guión se basaba en un relato de Daphe Du Marier (1952). La autora francesa se inspiró en la II guerra mundial, en la posibilidad de que una serie de furiosos ataques se lanzasen contra una población desprevenida. Sin embargo, hace un año, la revista Nature Geoscience desvelaba que el maestro del suspense se había interesado por un incidente real ocurrido en 1961, en Monterey Bay, en California; allí, cientos de aves marinas –principalmente pardelas- habían chocado contra las casas –tal vez atraídas por la luz, ya que era de madrugada-. Ahora, gracias al análisis de algunas aves conservadas, se ha sabido que el ataque se produjo por una neurotoxina que las envenenó y volvió agresivas. La toxina se encontraba en el plancton ingerido a través de los peces.



Respecto a las aves, al comienzo aparece una pajarería con ejemplares de pinzones, canarios, etc. Después vemos una pareja de Agapornis roseicollis, también conocidos como "love birds", que son los que Melanie Daniels (T. Hedren) lleva en su coche con destino a la casa de Mitch Brenner (R. Taylor) en Bodega Bay, California. Según avanza la película aparecen pájaros corrientes, aparentemente inofensivos, que sin embargo atacarán a la población; es el caso de las gaviotas, los córvidos (cuervos, cornejas, grajas, etc.) y también los gorriones que se introducen en la casa de los Brenner a través de la chimenea.

La película se presta a muchas interpretaciones. Sin embargo, la explicación científica no era la que más interesaba a Hitchcock. En una entrevista afirmó: "Bajo la superficie del miedo y del suspense se oculta latente una reflexión angustiosa". Parece referirse al proceso de anulación que va a sufrir Melanie. Al comienzo la vemos arrogante y luminosa, como un Agapornis de bello plumaje. Sin embargo, Micht –que ejerce de abogado- desde su primer encuentro en la pajarería parece querer encerrarla, domesticarla… Le dice: "vuelve a tu jaula dorada, Melanie Daniels" y "deberías estar entre rejas" –se refiere aquí a que ella incurrió en un delito menor al romper un cristal-. Naturalmente, todo parece transcurrir en el lenguaje de la seducción. La decisión de Tippi/Melanie de viajar a Bodega Bay, para gastarle una broma a Rod/ Mitch, parece el último gesto de espontaneidad. A partir de ahí no dejará de sufrir ataques de los pájaros que irán domeñando su voluntad, incitándola a "enjaularse" –en una cabina, en un coche, en la casa tapiada-. La última imagen que tenemos de ella es terrible: sometida y en estado catatónico.  

La aparición de aves en el cine a veces responde a interpretaciones simbólicas. Es el caso de cuervos, búhos, lechuzas y palomas, entre otras especies.



Psicosis (A. Hitchcock, 1960). A su protagonista, Norman Bates le fascinaba la taxidermia de pájaros. En La bella durmiente (W. Disney, 1959) el cuervo de Maléfica significa cambio y sagacidad. En Lady Halcón (R. Donner, 1985) la dama hechizada se identifica con el ave cazadora.



En Blade Runner (R. Scott, 1982) aparece una paloma en brazos del replicante (R. Hauer) y un búho mecánico -que hace un guiño al que mandó construir Atenea-. Otro símbolo de la Tyrell Corporation son las águilas (foto central).




En los cuentos, las lechuzas y los búhos son el símbolo de la sabiduría oculta. A la izquierda vemos a Harry Potter sosteniendo a un buho nival o lechuza de las nieves. En El hombre de Alcatraz (foto central) y en Vatel, (a la derecha), los pájaros y las jaulas se convierten en metáfora sobre la libertad.