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El Museo Thyssen Bornemisza ofrece una selección de las mejores creaciones del diseñador francés Hubert de Givenchy. También es la primera incursión del museo en el mundo de la moda. Repasamos su relación con el cine, especialmente sus colaboraciones con su gran musa y amiga: Audrey Hepburn.

Las biografías de los creadores de moda siguen tomando las pantallas de cine. En septiembre se estrenaba el "biopic" Yves Saint Laurent (Jalil Lespert), y estamos a la espera de otra versión cinematográfica de la vida y obra del diseñador francés de origen argelino, dirigida esta vez por Bertrand Bonello. En la actualidad, Julio Medem está dirigiendo una película sobre Balenciaga. Todo ello sin olvidar la cinta protagonizada por Audrey Tatou, en su papel de Coco Chanel que dirigió hace cinco años Anne Fontaine; y si nos remontamos un poco más en el tiempo, habría que citar Falbalas (Jacques Becker, 1945) inspirada en Christian Dior, y El árbitro de la elegancia (Curtis Bernhardt, 1954) sobre el "dandy" de la elegancia Lord Brummell.
   

No sólo el séptimo arte ha acogido a los diseñadores, y a sus creaciones; también han entrado con gran éxito en los museos, desde que la más conocida editora de moda en Vogue y Harper´s Baazar, Diana Vreeland, programase en el Metropolitan de Nueva York las primeras exposiciones sobre moda a comienzos de la década de los años 70. Ahora el Museo Thyssen Bornemisza abre sus puertas a Hubert de Givenchy. Una retrospectiva sobre la obra del "grand couturier" que ha expresado su deseo de que la muestra se convierta en un homenaje a su maestro Cristobal Balenciaga, a los oficios y las artes –especialmente a las costureras-, y a sus clientas y amigas, sobre todo a su musa Audrey Hepburn.


   INFLUENCIAS: Sta Casilda, de Zurbarán; un pintor que influyó en Balenciaga, maestro de Givenchy. Centro: modelo de Balenciaga.   Dcha.- Audrey Hepburn vestida por Givenchy en Desayuno con Diamantes


Es conocida la anécdota de que cuando se conocieron Givenchy y Audrey Hepburn hubo un equívoco. El creador parisino esperaba a la otra Hepburn, a Katherine. La futura protagonista de Desayuno con Diamantes apenas había realizado películas con repercusión. Ni siquiera se había estrenado en Europa Vacaciones en Roma. No obstante congeniaron rápidamente y el diseñador le ofreció que mirara entre los modelos que tenía para la colección de esa temporada, ya que no le daba tiempo a crear el vestuario para la película Sabrina, que iba a dirigir Billy Wilder, y motivo por el cual Audrey había viajado hasta la capital francesa. La joven actriz halló un traje chaqueta de lana gris –ideal para la escena en la que Sabrina llega transformada de París-. También seleccionó un ceñido vestido blanco sin tirantes, con un dibujo floral bordado y una cola que podía desabrocharse –ideal para la gran entrada de su personaje, inspirado en Cenicienta, en una fiesta. Se llevó además un vestido negro de cóctel con cuello marinero, atado en los hombros con pequeños lazos. Ese día inició una gran amistad con el artista de origen aristocrático, que duraría cuatro décadas. Compartirían su amor por los jardines, la buena comida y el vino.



Fotogramas de la película Sabrina (Billy Wilder, 1953). Audrey con tres vestidos de Givenchy


Después de Sabrina, en 1954, el maestro parisino tomó las medidas de la actriz para confeccionar un maniquí -que no variaría con los años- y diseñó su vestuario para Una cara con ángel. Con posterioridad vendrían Ariane, Desayuno con diamantes, Charada, Encuentro en París, y Cómo robar un millón.


Una cara con ángel (Stanley Donen, 1956) era una sátira de la alta costura y un homenaje a Richard Avedon, a quien Fred Astaire emulaba mediante su interpretación de un fotógrafo contratado por la directora de la revista "Quality" (claramente influido por Diana Vreeland, la controvertida editora de moda) que apuesta por el personaje de Audrey Hepburn como una prometedora modelo que brilla gracias a las imaginativas creaciones de Givenchy, y a los coloristas encuadres de Richard Avedon, responsable de la fotografía de la película.


Sin embargo, el gran triunfo para el "couturier francés" llegó con Desayuno con diamantes (1961). Givenchy se convirtió en un árbitro incuestionable de la elegancia gracias, entre otras creaciones, al deslumbrante vestido negro con el que aparece Audrey Hepburn al comienzo de la película. Este "Little black dress" puede verse ahora en el Museo Thyssen Bornemisza.
   


Dos fotogramas de Desayuno con Diamantes (Blake Edwards,  1961)


Otra pieza que puede verse en la exposición organizada por el museo madrileño es el seductor modelo de encaje negro –con máscara a juego- que diseñó Givenchy para la película  Cómo robar un millón (W. Wyler, 1966), Audrey Hepburn interpreta el papel de la hija de un falsificador de arte, que planea el robo de una escultura junto al personaje de Peter O´Toole. Eso sí, impecablemente vestida, salvo cuando tiene que disfrazarse de señora de la limpieza.



Izquierda: Audrey Hepburn en Cómo robar un millón (W. Wyler, 1966) Centro: Jean Seberg en Buenos días tristeza (O. Preminger, 1958).  Derecha: Elizabeth Taylor en Hotel Internacional (A. Asquith, 1963)


El final de la década de los años 60 del siglo XX se considera una época de cambio del "espíritu de los tiempos", incluyendo la moda, tan receptiva a las transformaciones sociales y culturales. El diseñador aristócrata trató de reinventarse y ofrecer a un nuevo público modelos más cómodos y atrevidos; un camino que había iniciado unos años antes al presentar una línea de alta costura prêt-à-porter. El cine, sin embargo, en sintonía con las nuevas preferencias, no encontró lugar ya para sus diseños. Fue entonces cuando finalizó su colaboración en las películas de Audrey Hepburn. Stanley Donen, director de Dos en la carretera (1967), eligió a diseñadores vanguardistas como Paco Rabanne, Mary Quant y Hardy Amies. No obstante, para la historia cinematográfica quedan otras felices colaboraciones como el vestuario que creó para Jean Seberg y Deborah Kerr, en Buenos días, tristeza (Otto Preminger, 1958), para Elizabeth Taylor en Hotel Internacional (Anthony Asquith, 1963) y para Capucine en La pantera rosa (Blake Edwards, 1963).