Eco-Viajes

El Prado nos brinda la oportunidad de disfrutar, ordenados por temas, de los cartones que Goya diseñó para los tapices. Una primera etapa luminosa y desenfadada en su carrera que no sabemos si el cine ha recogido. Vamos a repasar algunos títulos goyescos para averiguarlo...

El Museo del Prado nos brinda la oportunidad de revisar los cartones que realizó el pintor aragonés para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. La pinacoteca expone alrededor de sesenta obras agrupadas por temas -divertimentos y juegos, bailes y música, escenas de caza, alegorías de las estaciones del año, etc.-, que a su vez comparten espacio con las de autores relacionados con los cartones goyescos, como Bayeu, Maella y Mengs, entre otros. En total, casi ciento cuarenta cuadros, algunos de ellos sincronizados con música de la época. En aquel momento, los dibujos para los tapices constituían una modalidad artística, caracterizada por la amabilidad de los temas, el costumbrismo y la influencia del arte rococó, aunque Goya aportó su personal estilo en cuanto a la composición, los colores, los guiños simbólicos, y una incipiente crítica social, como se refleja en El albañil herido y en La boda.



A la izq.- Albañil herido (se expondrá a partir de mayo en una sala que está en proceso de rehabilitación). Dcha.- Baile a orillas del Manzanares. En rojo se señala una casona que podría ser una hipotética Quinta del sordo, antes de ser adquirida por Goya


Al cine, sin embargo, no le ha interesado esa primera etapa de Goya; más bien ha elegido situarle en el eje que marcó en su biografía el final de una larga enfermedad que terminó de padecer a los cuarenta y seis años, y la consiguiente sordera, que le haría cambiar su forma de pintar y de relacionarse con el mundo. En Goya en Burdeos (1999), Carlos Saura relata la vida del pintor a partir de los distorsionados recuerdos de su cabeza sonada, recreando especialmente la Quinta del Sordo y las pinturas negras. Es una película de altísima calidad artística, que contó con la fotografía de Vittorio Storaro, la impactante puesta en escena de La Fura dels Baus y el ballet de José Antonio. Un apartado, el del arte, que se completaba con la banda sonora de Roque Baños, la música -fandangos para cuerda y castañuelas- de Boccherini, y alguna que otra jota.



Izquierda.-Francisco Rabal en Goya en Burdeos.  Derecha.-Stellan Skarsgard en Los fantasmas de Goya


Izquierda.- Fotograma de Goya en Burdeos. Goya (José coronado) retrata a la Duquesa de Alba (Maribel Verdú). Derecha.- La Duquesa de Alba señala un mensaje en el suelo que indica: “Solo Goya”


Curiosamente el fantasma de Luis Buñuel, otro aragonés mundial, sobrevuela por varias películas. En Goya en Burdeos Francisco Rabal confesó que para interpretar al pintor se inspiró –como modelo de hombre enérgico- en su amigo Buñuel, que le dirigió en Viridiana. Coincide que en Los fantasmas de Goya (2006), Jean Claude Carriére, coguionista junto a su director Milos Forman, también trabajó en seis cintas con el realizador de Calanda. En cuanto al origen del proyecto, el director checo Forman contaba que había que remontarse a 1984, cuando vino a España a promocionar Amadeus y vio las pinturas de Goya en El Prado. Entonces tuvo la idea de contar una historia inspirada en ellas y en la Inquisición, aunque tuvo que esperar a que cayera el régimen en su país para evitar la censura de las autoridades ante posibles parecidos -aunque fueran metafóricos-.  





En esta propuesta cinematográfica Goya (Stellan Skarsgard) es un personaje más. Se trata de una película coral en la que Javier Bardem tiene un papel importante como villano arribista. De nuevo la fotografía es fundamental, pero a diferencia de los vivos colores elegidos por Storaro en la película de Saura, en la de Milos Forman, su responsable, Javier Aguirresarobe, opta por la austeridad cromática. La brutalidad de las tropas francesas queda plasmada cuando arrojan a un hombre desde una torre. Es la iglesia románica de San Martín (Segovia). Otras localizaciones en las que se rodó fueron el Monasterio de Veruela, en Vera de Moncayo (Zaragoza), el parque del Retiro, el palacio del Infante don Luis, en Boadilla del Monte, y el de Aranjuez (Madrid), así como algunas calles de Salamanca. La fascinación de Milos Forman por los manicomios –de los que ya se ocupó en Alguien voló sobre el nido del cuco- se reflejan en esta historia, inspirada por el cuadro Corral de locos, de Goya.



Izquierda.-Natalie Portman en el manicomio (Los fantasmas de Goya). Derecha.- Casa de Locos, de Goya


En 1999, el año en que se estrenó la película de Saura, también lo hizo la de Bigas Luna titulada Volaverunt. La denominación provenía de uno de los grabados de la serie Los Caprichos que el pintor aragonés publicó en 1799; representaba a la Duquesa de Alba volando con tres personajes siniestros en sus pies, formando una peana. Tres años después moriría Cayetana envenenada –según la hipótesis de la película- con pigmentos de pintura "verde Veronese". Es un thriller dieciochesco, que evoca al "rosebud" de Orson Welles, ya que "volaverunt" se convierte en una palabra secreta en la relación entre la Duquesa de Alba y Goya. La fotografía corre a cargo de Paco Femenia, que captó la luminosidad de Cádiz -el Conservatorio y la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre de Jerez de la Frontera, varias edificaciones de Arcos de la Frontera, el Palacio de Campo Real y el Convento de Bornos-. Así como los azules y añiles de Madrid y Segovia -los Palacios de El Pardo, El Capricho, Aranjuez, Fernán Núñez y el Palacio de Riofrío-.



Izquierda.- Volaverunt, grabado de Goya. Derecha.-Fotograma de la película de Bigas Luna: la Duquesa de Alba (Aitana Sánchez-Gijón) y Goya (Jorge Perugorría)