Eco-Viajes

Te proponemos planes distintos para esta primavera. La película "Amanece que no es poco" cumple 25 años. ¿Por qué no viajar a los pueblos en los que se rodó? Ayna, Liétor y Molinicos, en (Albacete) en plena Sierra del Segura ofrecen además espectaculares paisajes rocosos y una contundente gastronomía.
El pueblo en el que se localiza Amanece que no es poco (José Luis Cuerda, 1988) es una especie de "limbo", un lugar transitorio y fronterizo en el que sus habitantes parecen vivir al margen de la realidad circundante. Es un territorio emparentado con Calabuch, el municipio imaginado por Luis Berlanga para situar a un científico norteamericano "caído del cielo". En la película de Cuerda se produce un equilibrio entre las "fuerzas vivas", que también se daba en Ponteratto, la localidad italiana inventada por Giovanni Guareschi en su saga sobre el cura Don Camilo y el alcalde comunista Pepone. El "munícipe por antonomasia" ideado por el director de otras obras de culto como El bosque animado, también está relacionado con el personaje de José Isbert en la más conocida película berlanguiana: Bienvenido Mr. Marshall


En realidad Calabuch es Peñíscola, Ponterratto es Brescello (en la ribera del río Po) y el pueblo límbico de Amanece que no es poco es Ayna, en Albacete –como sugiere uno de los personajes de la película-, aunque también se rodaron secuencias en Liétor y Molinicos -a pocos kilómetros de Ayna-, en la Sierra del Segura. El aislamiento geográfico consigue que el paisaje sea un protagonista más.




Izquierda: Ayna y su impresionante picarzo (foto: Sonia S. Recio).  Derecha, fotograma de Calabuch



Curiosamente entre las dos escenas más conocidas del cine en las que un padre y un hijo comparten moto y sidecar, apenas hay unos meses y unos kilómetros de diferencia. José Luis Cuerda se adelanto al dirigir a Antonio Resines, en su papel de Teodoro, un profesor de la Universidad de Oklahoma –en año sabático- y a Luis Ciges, como su progenitor. No muy lejos, en el Cabo de Gata (Almería), Steven Spielberg rodaba Indiana Jones y la última cruzada (1989). En este caso Harrison Ford en el rol del profesor Jones "junior", y Sean Connery, en el de veterano profesor Jones. Por cierto, la moto "amanecista" lleva el sidecar a la izquierda, ya que el modelo Vespa 125 tenía la palanca de arranque a la derecha, y esto "obligaba" a instalar el sidecar en el lado contrario.  


 


Si se inicia la ruta en Ayna se pueden encontrar señalizadas hasta catorce escenas rodadas allí, como la de la casa del cura, la taberna, el huerto de calabazas o el semillero de hombres. Estas dos últimas incluso aparecen "recreadas" con figuras.

 


Izquierda: El bancal con el huerto de calabazas. Derecha: El semillero de hombres (fotos: Sonia S. Recio
)  

 
En Liétor se rodó la escena de la asamblea de mujeres y otras cinco más, aunque el escenario más conocido se encuentra en la ermita de Belén que sirvió para localizar las escenas de misa. Aunque suele estar cerrada, el padre Paco, párroco del pueblo, la muestra a quien lo solicite, junto a la iglesia de Santiago y al convento carmelita.


 

Izquierda:reproducción del altar de la ermita de Belén. Derecha: interior de la ermita (foto: Sonia S. Recio)



En Molinicos, tercer y último pueblo de este recorrido, se rodaron diez escenas, como la del desdoblamiento de Carmelo y la levitación de Paquito, aunque la más famosa se localizó en la plaza del Ayuntamiento. Desde el balcón del consistorio el Alcalde –a la manera de Pepe Isbert-  les propone a sus vecinos: "¿Hacemos un flashback?".




Izquierda.- El “munícipe” en el balcón.  Derecha. Ayto. de Molinicos (foto: © siempremolinicos)

 

La ruta por las localizaciones de la película más "mágico-surrealista" del cine español puede ser una excusa perfecta para viajar por estos pueblos, pero otras buenas razones podrían ser: practicar escalada y senderismo por los profundos parajes rocosos de la Sierra del Segura, recorrer el Parque Natural de los Calares del río Mundo, visitar las pinturas rupestres de la Cueva del Niño en Ayna –además de los restos del castillo de la Yedra-. Y no olvidemos los patios típicos de Liétor –su ciclo de conciertos de órgano-  y las Jornadas micológicas de Molinicos.


 

Arriba: tres rincones de Ayna. Abajo: Fuente de Liétor y Centro de Interpretación, en Ayna (fotos: S.Recio)



Otro motivo más para visitar esta zona manchega es su contundente gastronomía. Por un precio económico en el Hotel Felipe II, en Ayna -desde el que se divisa el mágico "picarzo" rocoso-, o en el acogedor patio de La Posada Maruja, en Liétor, podemos degustar migas, y pisto manchego, ajo mataero, atascaburras… y de postre hojuelas.


 

Izquierda: Patio de La Posada (Liétor)  Dcha: Migas, pisto y atascaburras en el Hotel Felipe II (Ayna)