Eco-Viajes

En globo por la Rioja Alta: enoturismo de altura

En Haro, capital de la Rioja Alta, las Bodegas Muga celebran sus ochenta años de vida con una apuesta por el enoturismo de altura: los vuelos en globo aerostático por el mágico territorio que el río Ebro cincela entre los límites con Burgos y el entorno de la capital del vino riojano. Una excelente oportunidad para visitar y conocer las instalaciones de Muga en plena vendimia.

Vuelo sobre la Rioja Alta
Vuelo sobre la Rioja Alta

El Barrio de la Estación de Haro es la cuadrícula vinícola con más historia de La Rioja. Aquí encontrarás muchas de las bodegas que le han dado fama mundial a la Denominación de Origen Calificada Rioja. De entre todas ellas hay una de aniversario en 2012: Bodegas Muga, creada hace ya ochenta años por Isaac Muga Martínez y su mujer, Aurora Caño. La tercera generación de la familia Muga está ahora al frente del negocio que se organiza en torno a las instalaciones bodegueras del caserón de Prado Enea, lugar donde van a parar las uvas recolectadas durante estas semanas de vendimia en las 220 hectáreas de viñedos de su propiedad situados a los pies de los Montes Obarenes, a las afueras de Haro. Su apuesta por la sostenibilidad, el reciclaje e I+D+i, y el enoturismo la convierten en una de las bodegas imprescindibles en cualquier visita a la capital del vino riojano.

EL EBRO Y HARO. A su paso por La Rioja, el curso alto del río Ebro cincela con sus meandros uno de los paisajes más evocadores de toda la comunidad autónoma. Poco menos de medio centenar de kilómetros son los que separan Logroño de Haro. Es un país de clima suave, acurrucado entre la depresión del río y las alturas cenicientas de la sierra del Toloño o de Cantabria, por donde la Rioja se transmuta en alavesa. El Ebro fue frontera y territorio de escaramuzas entre los reinos de Navarra y Castilla hasta que las alianzas estratégicas entre ambos diluyeron las lindes y convirtieron el paisaje, tras la batalla, en una sucesión de oteros fortificados, apretados caseríos parduzcos y altos campanarios. Es el mismo horizonte que se divisa a día de hoy siguiendo el sinuoso trazado de la N-125 sobre el que destaca, con la esbeltez de un faro costero, la silueta de la torre de la iglesia de Santo Tomás, en Haro.

Cualquier visita a Haro comienza por la Plaza de la Paz, centro de la vida en la ciudad jarrera: el Café Suizo, con más de 125 años de vida a sus espaldas, es una de sus instituciones. Aprovecha para tomar un cortado y luego pasear por la Herradura hasta la iglesia de Santo Tomás, templo barroco del siglo XVI construido sobre el cerro de la Mota, una atalaya sobre el río: admira su portada de piedra con un retablo de estilo plateresco.

La Herradura está formada por las calles de Santo Tomás, Travesía de la Iglesia y San Martín, concentra el mayor número de bares por metro cuadrado de Haro y es el corazón de la zona del picoteo local. Un picoteo que tiene su auge durante las tardes y noches del fin de semana. Retrocediendo hacia la Plaza de la Paz llegarás al torreón medieval, recientemente restaurado. Es el mismo camino que lleva  hacia la Basílica de la Vega y el Centro de Interpretación del Vino (Tel. 941 30 57 19; 3 €).

BODEGAS MUGA. Ya en el Barrio de la Estación, el caserón de Prado Enea, alma de las Bodegas Muga, es el destino de la escapada. Durante las primeras semanas del otoño la bodega recupera una actividad incesante: la recogida de la uva se realiza a mano y sirve para obtener aproximadamente 1,5 kg de racimo por cepa, entre 5.000 y 6.000 kg de uva por hectárea. Un cincuenta por ciento de la producción proviene de sus 230 hectáreas de viñedos propios y el resto de 94 viticultores riojanos, supervisados directamente por Muga y cuya relación, en algunos casos, se remonta a los inicios de la bodega. En total, unos 2 millones de kilos de uva por temporada.

Un paseo por el interior de la bodega nos desvela una de sus singularidades: la utilización de la madera de roble (francés, americano y centroeuropeo) en vez del acero inoxidable. Para ello mantiene en activo una tonelería propia, siendola única bodega española que dispone de cubero para elaborar tinos: depósitos de madera de hasta 52.000 litros de capacidad donde fermenta el mosto. Gracias a ello los vinos se afinan según el tostado que se otorgue a las duelas de madera de la barrica. Todo un universo de sabores ya que según ese grado de tostado, los aromas evolucionarán desde el tono más claro –coco, vainilla- pasando por el intermedio –chocolate, café- hasta llegar al tono marrón  intenso –torrefactos, ahumados.

Otra de las particularidades de los vinos de Muga es la clarificación, que aquí se realiza mediante el uso de claras de huevo frescas que se separan manualmente de las yemas y luego se mezclan con una parte de vino para agregarse al depósito. En su descenso por gravedad a través del vino, la clara arrastra consigo todas las partículas en suspensión e impurezas, limpiándolo y estabilizándolo, otorgando un color y un brillo inigualables.

Las visitas a Muga pasan, desde 2008, por el Espacio Torre Muga (ETM), un proyecto del arquitecto Iñaki Aspiazu que aglutina las diversas actividades enoturísticas que promueven las bodegas: catas, salas de reuniones, vinoteca, wine bar y sala de audiovisuales. Un total de 400 m2 distribuidos en tres plantas que en 2009 obtuvieron el galardón en la categoría de experiencias innovadoras y prácticas sostenibles de "The Best of International Wine Tourism". Las visitas son concertadas en el Tel. 941 30 60 60 y a través de la web de Bodegas Muga.

Aunque la guinda a esta experiencia enoturística la ponen los vuelos en globo aerostático de una hora sobre buena parte de los viñedos de la Rioja Alta y el cauce del Ebro: una experiencia única que concluye con un desayuno en uno de los viñedos de Muga y la entrega de un diploma acreditativo del "bautismo aéreo" (el vuelo cuesta 170 €/persona y puede contratarse en exclusiva para una pareja por 270 €).