VIAJAR HACIA LO REMOTO Y, A LA VEZ, PRÓXIMO A MADRID

La Puebla de la Sierra, en su anfiteatro de montaña y bosque

En medio de la Sierra del Rincón, entre los más altos riscos del nordeste de Madrid y los pueblos negros de Guadalajara, respira La Puebla de la Sierra, un pueblo escondido al fondo de un anfiteatro de bosques y roquedas.

Iglesia de la Purísima Concepción
Iglesia de la Purísima Concepción

La Puebla de la Sierra se llamó, hasta los años cuarenta del pasado siglo, Puebla de la Mujer Muerta. Está situado en el extremo nordeste de Madrid, fronterizo con la Guadalajara de los pueblos negros, y en medio de la Sierra del Rincón, declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2005. Lo separan de Madrid 110 kilómetros, tiene 73 habitantes según el censo de 2015 (tuvo 313 en el remotísimo 1768) y su término municipal tiene mucho de metáfora de un mundo perdido a pesar de que está “a tiro de piedra” de la capital.

Es el lugar ideal para pasar un fin de semana de desconexión del tráfago diario de la ciudad. Es un lugar de paz, de naturaleza, de arte y de senderos para la caminata y para el paseo en bicicleta. Para llegar a él es preciso llegar al pueblo de Lozoyuela por la Autovía del Norte, antigua Nacional I. De allí, tomando la M-135, se avanza hacia el nordeste dejando atrás los pueblos de Manjirón, Paredes de Buitrago o Montejo de la Sierra hasta enfilar, entre grandes extensiones de rebollo y fesnedas, la M-130 o “carretera de Prádena”, subir un puerto con una pendiente superior al 10%, al que llaman Puerto de la Puebla y descender, entre montañas abruptas, grandes masas de roca e interminables bosques de pino, al pueblo de destino.

EL PUEBLO Y SU ENTORNO

En los años pródigos de nieve, la Puebla se queda aislado durante semanas y recobra la memoria de cuando, mediado el siglo XX, era un pueblo sin luz eléctrica, casi autárquico en la cobertura de sus nacesidades, como desterrado al fondo de una inmensa olla, de un anfiteatro rocoso que lo ocultaba de los caminos frecuentados y de las carreteras más transitadas de la región.

Casas de piedra y madera, gran parte de ellas rehabilitadas en los últimos años, conforman un conjunto urbano en el que el tiempo parece detenido. Llegar en otoño, o en invierno, a sus calles adoquinadas, detenerse en cualquier prado de las afueras y captar los olores a humo, a establo, a hierbas silvestres y a monte, es reencontrarse con una memoria perdida en la infancia o con la memoria de nuestros antepasados.

Miel, judiones, “carnes de pradera” son algunos de sus productos. Con ellos se cocinan platos típicos como las Patatas resecas, o las Sopas canas (hechas con leche de cabra, azúcar, tocino y pan), y éstos se pueden probar en el único restaurante del lugar, La Posada de La Puebla.                .

Si en la pequeña plaza que, junto a la iglesia, se asoma al resto del pueblo y al campo, uno se detiene a contemplar el horizonte, se encontrará con los contornos de grandes montañas: La Torcera, de 1866 metros de altura, la Peña de la Cabra, de 1834 o el monte Porrejón Bajero, de 135o metros.

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ARTE: DEL SIGLO XVII AL “VALLE DE LOS SUEÑOS”

Y los amantes del arte, además de gozar de la ermita de Nuestra Señora de la Soledad, del siglo XVIII,  y de la iglesia parroquial de la Purísima Concepción, construida en el siglo XVII, pueden gozar de un conjunto escultórico, distribuido por el pueblo, en el que brilla especialmente el arte contemporáneo. El conjunto se llama “Valle de los sueños” (http://www.valledelossuenos.com) y consta de una valiosa colección de 65 esculturas que asoman en sus calles como noticias de un mundo desconocido.  Sus autores son amantes del pueblo y sus paisajes: Lucía Loren, Karfer, Antonio Garza, Juan Carlos Bravo, Federico Eguía y Joaquín Mauzan. Fue ideado y creado por Federico Eguía en 2006 y aporta un aliciente inesperado en un entorno de una maravillosa virginidad natural.

OTRAS VISITAS DE INTERÉS Y RUTAS SENDERISTAS

También es posible visitar El molino de abajo, una instalación rehabilitada por completo en los últimos años, que data originalmente del siglo XVIII. Y los amigos del senderismo, propicios a caminar en medio de la naturaleza, tienen tres sendas principales muy asequibles: la Senda del Arroyo de Puentes Viejas, la Senda Circular al Collado Lara y la Senda Circular de la Torrecilla.

 


 

COMER Y DORMIR

No son muchos los establecimientos de hostelería a disposición del viajero en Puebla de la Sierra. El más conocido y frecuentado es La Posada de la Puebla, pequeño hotel y restaurante con solo cuatro habitaciones en el que se puede dormir por 45 euros la noche y comer en función de la siguiente escala: 8 euros por el menú económico diario, 12,95 por el menú de fin de semana, 18 por el menú especial y 25 por el menú guormet. Ni que decir tiene que ofrece productos de la sierra y un ambiente acogedor, casi de refugio ante las inclemencias serranas.

 

La Posada de la Puebla

Pza. de Carlos Ruiz, 2

Tel. 91 869 72 56 /902885358

www.laposadadelapuebla.com

 

También:

 

Centro Eduación Ambiental Ocio y Tiempo Libre El Molino de Arriba

C/ Prádillo, 3

689 432 188

www.huerto-lafragua.net/jabeque/Ceampusi

 

Bar Casa Paco

C/ Placetilla, 8

91 869 72 53

 

Casas Rurales Ecológicas Madre Terra

679 423 909 www.madreterra.es

 

Alojamientos el Yayo de la Puebla

918 475 661 / 639 770 046

Más información en la web oficial del municipio: http://www.puebladelasierra.es/