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Visitar la historia: Granadilla, el pueblo que no se inundó

Granadilla, un pueblo que fue abandonado a la fuerza por sus habitantes, es hoy un lugar de obligada visita. En proceso de rehabilitación y situado junto al embalse Gabriel y Galán, es uno de los grandes atractivos turísticos y culturales de Extremadura. Es además, la tercera población mejor amurallad de España.

Granadilla es un pueblo abandonado situado en el nordeste de la provincia de Cáceres, en la comarca denominada Tierras de Granadilla, que durante siglos estuvo rodeado por las vegas del río Alagón. Antes de la conquista de Granada por los Reyes Católicos, tenía el nombre de la ciudad de la Alhambra: después, hubo de renunciar a él para evitar confusiones. El pueblo, de origen medieval y feudal, hoy es un lugar deshabitado en el que sólo los profesores y alumnos de un taller de restauración aportan un mínimo de vida. Para cualquier viajero que vaya por la flamante autovía de la Plata (A – 66) , ha de ser un paso obligado.

Su historia, en parte similar a la de otros pueblos que se han visto amenazados o inundados por las aguas de un pantano, se diferencia de ellos sin embargo por el brillo nobiliario que lo acompañó y por los restos arquitectónicos que ese brillo dejó, parte de ellos de un enorme valor histórico.

Granadilla perteneció al antiguo señoría de Granada. Fue una villa de origen feudal fundada en el siglo IX por los musulmanes sobre una colina de pizarra y durante siglos fue paso obligado entre la Vía de la Plata y el territorio de Las Hurdes. En 1160, cuando aún se llamaba Granada, la conquistó Fernando II de León, quien diez años después, en 1170, le otorgó el título de Villa. Dejó de ser Granada para llamarse Granadilla tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos. En la Edad Media fue el principal núcleo de población y mercado de la zona.

A partir de estas raíces, la vida de Granadilla se desarrolló como la de un pueblo como tantos otros pueblos de España.

ABANDONADO A LA FUERZA, HOY RECUPERÁNDOSE

Cuando la historia comenzó a cambiar radicalmente su vida y a dejar el pueblo que Eco-Viajes.com visitó el pasado mes de julio fue el 24 de junio de 1955, fecha en la que se decretó su expropiación y el subsiguiente desalojo: la razón no era otra que la construcción el embalse Gabriel y Galán. Con ello se inició un éxodo que se extendió desde 1960 hasta 1965, cuando lo abandonaron sus últimos habitantes. Sin embargo, las aguas respetaron al pueblo. El nivel del embalse quedó por debajo de la altitud del pueblo y desde entonces sus ruinas y sus edificios deshabitados parecen vigilar en silencio sus  aguas.

En 1980 fue declarado por el Gobierno de entonces Conjunto Histórico Artístico y, con ello, comenzó a vivir un proceso de recuperación que tuvo como primer exponente la culminación de  la restauración, en 1983, de la vieja muralla. Y en 1984, junto a los pueblos de Bubal y Umbralejo, fue integrado en el Programa Interministerial de Pueblos Abandonados.

Para el viajero, entrar hoy en Granadilla es adentrarse en el escenario, en gran parte recuperado por los alumnos de las distintas Escuelas-Taller que por allí han pasado y vivido, en que se desarrolló la existencia cotidiana durante varios siglos, especialmente la de los años 50 y 60, cuando se decretó su desalojo. El visitante puede ver la Casa de las Conchas, el antiguo bar y las casas limítrofes, hoy convertidas en la Casa de los Arcos, el castillo, casi inverosímil en un pueblo tan pequeño, mandado construir por el Duque de Alba entre 1473 y 1478.

Las ruinas conviven con los edificios ya rehabilitados, los patios en los que crecen naranjos e higueras con el edificio del antiguo Juzgado y de la Casa Cuartel, y la Casa Consistorial que alojara al ayuntamiento con la iglesia parroquial de  La Asunción, en parte rehabilitada y construida en el siglo XV.

Aconsejamos recorrer la muralla (es la tercera población mejor amurallada de España), subir al castillo y contemplar el paisaje que rodea al pueblo y echar, desde arriba, una mirada a la sucesión de tejados, agujeros negros y copas de árboles y pequeños huertos (promovidos  por los alumnos que trabajan en la rehabilitación) en que se ha convertido hoy el pueblo. Si la mirada del viajero, desde el castillo o desde la muralla, se dirige hacia el oeste, se va a encontrar con el horizonte azul de un embalse, el Gabriel y Galán, que ha acabado por integrarse en el paisaje de modo natural.

Las calles en cuesta, donde aún pervive el viejo empedrado, la Plaza Mayor, los soportales que sirven de refugio al caminante… todavía mantienen el sabor de un tiempo interrumpido, roto involuntariamente, que hubieron de dejar atrás, sin quererlo, sus viejos habitantes. Hay una placa en honor al poeta José María Gabriel y Galán, poeta en castúo que inmortalizó la vida rural extremeña, y otra dedicada al arquitecto Antonio Espejel, impulsor y director de la restauración y rehabilitación.

EL ENTORNO

El entorno fue repoblado, en su día, de pino y eucalipto. También existen dehesas, matorral mediterráneo, y algunas zonas de olivares y otros cultivos de secano que conviven con zonas húmedas, dehesas, bosques de coníferas y campos de cultivo.

La fauna de la zona está compuesto de jabalíes, ciervos y  conejos. También tejones, garduñas y zorros, meloncillos.  Es preciso subrayar a ese respecto que los tres primeros linces ibéricos nacieron al año de abrirse el centro de cría de Zarza de Granadilla, a cuyo término municipal pertenece el pueblo que visitamos.

La gran riqueza paisajística del entorno llevó al director de cine Pedro Almodóvar a rodar allí la parte final de la película ¡Átame! en 1990.

Cerca de Granadilla, en el término de Guijo de Granadilla, el viajero puede visitar las ruinas romanas de Cáparra y, volviendo a la vía de la plata, la hermosa y por tantas razones cargada de historia, ciudad de Hervás.



DORMIR Y COMER

En Granadilla no es posible alojarse (salvo que la generosidad de quienes por trabajar en su restauración viven allí lo hagan posible) ni tomar bocado. Para ello es preciso trasladarse a Zarza de Granadilla o a Hervás. En toda la zona es posible encontrar alojamientos rurales de calidad por poco más de 40 euros la noche (En Zarza, Casa Rural La cueva del lince, Casa Rural de Ambroz, Apartamentos Rurales Posadas de Granadilla, entre otros) y pequeños bares y restaurantes donde poder comer o tapear degustando los platos típicos extremeños a precios más que razonables: ahí están el restaurante El Cordel, en la carretera a Guijo de Granadilla, la Tapería del Convento, en Hervás, el hotel restaurante Junco Fresco, en Zarza o, también en Hervás, el restaurante Nardi, cuya especialidad son los platos regionales y al que en 1996 la Cofradía Extremeña de Gastronomía concedió el título de "Restaurante del Año".

Para más información, te puedes entrar en la web de la Asociación de Turismo Tierras de Granadilla.