Eco-Viajes

Benicássim revive la “Belle Époque”

Del 5 al 8 de septiembre la localidad castellonense revive, con una recreación histórica, su pasado dorado como destino vacacional de la alta sociedad de finales del siglo XIX y principios del XX.

Playa de Voramar
Playa de Voramar

Desde los últimos años del siglo XIX Benicássim se convirtió en destino turístico. El hecho de que sus playas fueran escogidas por muchas familias burguesas para pasar el verano, le valió la denominación de "El Biarritz de Levante". La alta sociedad del momento comenzó a levantar en la localidad bellas residencias y villas que hoy forman su paseo marítimo.

Este es precisamente el escenario elegido por Turismo de Benicássim para trasladar a los visitantes a su Belle Époque en la segunda edición de una recreación que ecupera la cultura, la tradición y la estética de los finales del siglo XIX y principios del XX a través de todo tipo de actividades de carácter costumbrista.

Los visitantes podrán disfrutar de una muestra de vehículos de época, motos, e, incluso bicicletas. Melodías dixieland y bailes característicos como el charleston, el swing o el claqué contribuirán a crear una atmósfera especial. También habrá juegos tradicionales para niños, exposiciones, un mercadillo modernista, rutas guiadas, actuaciones o teatralizaciones.

QUÉ VER

TORRE DE SAN VICENTE. Fue construida en el siglo XVI como atalaya vigía para proteger a esta parte del litoral de los ataques de los corsarios berberiscos: en total había 18 torres en todo el litoral castellonense.


LAS VILLAS. Dignas herederas del eclecticismo modernista, las villas situadas a lo largo del Paseo Marítimo de Benicássim fueron construidas a finales del siglo XIX y comienzos del XX por los ricos veraneantes procedentes de Valencia.

PARQUE NATURAL. El Desierto de Las Palmas ofrece la cara más desconocida de la villa. Se accede por una serpenteante carretera hasta su Centro de Información (Tel. 964 76 07 27). Aquí facilitan información sobre sus senderos más recónditos.

PLAYAS. El paseo marítimo conecta la zona de las playas de Benicássim con El Grao castellonense. En total son 6 km. dentro del término municipal con playas tan emblemáticas como las de Voramar, La Almadraba y la de la Torre de San Vicente.

MUSEO CARMELITANO. Situado muy cerca de la antigua carretera nacional, las visitas a las bodegas de esta orden religiosa son guiadas (cuestan 2 €) y se realizan de 9 a 13:30 h y de 15:30 a 19:30 h (Más información: Tel. 964 30 08 49 y www.carmelitano.com).

PUENTE DE HIERRO. Es uno de los muchos vestigios que recuerdan el antiguo trazado ferroviario de la línea Castellón-Tarragona, en torno a la que creció el centro antiguo de la villa. No hay que perderse tampoco la rehabilitada estación.

SANTO TOMÁS. Esta parroquia destila racionalismo por sus cuatro costados: no en vano fue construida por el ilustrado valenciano Pérez Bayer. Destacan las pinturas realizadas por el artista castellonense Camarón, natural de Segorbe.

CONVENTO NUEVO. Emplazado en uno de los parajes más emblemáticos del parque Natural, este convento fue erigido a finales del siglo XVIII tras la destrucción, en el año 1783, del viejo convento carmelita debido a un temporal de lluvias. Se visita los domingos de 13 a 14 (Más información: Tel. 964 30 09 50).


 


DÓNDE DORMIR



Situado junto al paseo marítimo, el Voramar es historia viva de Benicàssim: alardea de ser el primer hotelito de playa de todo el litoral mediterráneo español y, ciertamente, goza de todos los alicientes para convertir la estancia en sus instalaciones en un recuerdo imborrable: romántico y familiar, bien situado al principio de la playa de Voramar, el establecimiento que regenta la cuarta generación de la familia Pallarés destila una atmósfera especial.

Tras la concesión que obtuvo Juan Pallarés en 1930 para construir una casa de baños y un café junto al señorial paseo de Las Villas de Benicàssim, el edificio sirvió como hospital de campaña, cuartel republicano y sede de la Sección Femenina hasta recuperar, en la década de los 50, su vocación hotelera. Sucesivas reformas, la penúltima en 2006, le han otorgado su actual fisonomía.

A destacar las habitaciones con vistas a la playa y a la magnífica terraza del hotel (independiente de la siempre concurrida cafetería anexa). Hamacas para dormir la siesta, decoración funcional y moderna, holgura suficiente en los cuartos, wi-fi en todas las estancias y un buffet de desayuno muy bien surtido en un luminoso salón. Todo a pedir de boca en este tres estrellas con muchas aspiraciones.