Andy Warhol en el Guggenheim

Desde el 26 de febrero y hasta el 2 de octubre de 2016 el Museo Guggenheim Bilbao acoge la exposición “Andy Warhol: Sombras”. Una retrospectiva compuesta por 102 paneles serigrafiados de gran formato que reflejan algunas de las exploraciones del artista sobre la abstracción a través de la distintiva paleta de tonos brillantes y alegres que marcó gran parte de su obra.

 

Exposición “Andy Warhol: Sombras”
Exposición “Andy Warhol: Sombras”

A la edad de 50 años, Andy Warhol, el irreverente icono del arte Pop y cronista de toda una época, se embarcó en la producción de una obra monumental titulada Sombras (Shadows) con la ayuda de su entorno de la mítica Factory. En esta obra el artista formalizó algunas de las exploraciones sobre la abstracción que había abordado el año anterior en las pinturas Oxidación (Oxidation), Rorschach y Camuflaje (Camouflage). Al contrario que las pinturas Oxidación o Pis (Piss ), en las que el lienzo recubierto con cobre se manchaba al reaccionar con la acidez de la orina que se vertía sobre él, los paneles de las Sombras están serigrafiados. Para entender la radicalidad que implican las Sombras de Warhol es necesario detenerse, en primer lugar, en el formato de una obra concebida como una sola pintura en varias partes, cuyo número definitivo queda determinado por las dimensiones del espacio en que se instala. En su primera presentación pública, se mostraron solo 83 lienzos, que se colocaron a tan sólo unos 30 cm del suelo, muy próximos unos a otros y en el orden decidido por los asistentes del artista, Ronnie Cutrone y Stephen Mueller.

 

Los lienzos, que fueron cubiertos con pintura acrílica antes de la impresión de la imagen, muestran la distintiva paleta de Warhol de tonos brillantes y alegres. Aunque incluyen más de una docena de tonos diferentes, en las Sombras están presentes colores muy característicos a lo largo de su obra, como el violeta translúcido de Desastre lavanda (Lavender Disaster , 1963) o el verde aguamarina de Marilyn turquesa (Turquoise Marilyn, 1964). A diferencia de sus pinturas anteriores, en las que finas capas de pintura acrílica constituían el fondo sobre el que se serigrafiaban imágenes negras pixeladas, las superficies de las Sombras fueron pintadas con una mopa de esponja, cuyas líneas y trazos aportan una sensación gestual al plano pictórico. Para crear esta obra se utilizaron siete u ocho pantallas diferentes, como queda patente en los leves cambios de escala de las zonas oscuras, así como en la arbitraria presencia de manchas de luz.

 

A lo largo de las paredes del espacio se alternan el positivo y el negativo de las “sombras”. A pesar de su apariencia repetitiva, el método “mecánico” de Warhol es, en realidad, totalmente manual. Un hecho relevante de Sombras es la imposibilidad de reproducir esta supuesta “reproducción”, lo que pone en tela de juicio la estética del plagio de Warhol y define su proyecto como fundamentalmente pictórico. Esta revelación, defendida por la comisaria Donna De Salvo en su catálogo de la exposición retrospectiva de Warhol en la Tate Gallery de 2001, resulta fundamental para comprender esta monumental serie 39 años después de haber sido creada. Como De Salvo observó, “cada estrategia visual aplicada a estas pinturas es la misma que había utilizado 17 años atrás. Al igual que sucede con las primeras pinturas serigrafiadas, al principio se pensó que todos los lienzos eran iguales -debido a la repetición del motivo de la sombra- pero lo cierto es que no lo son”. Lejos de ser una réplica, cada Sombra se corresponde con una forma que revela su espacio con precisión y rotundidad, dirigiendo la mirada del observador hacia la luz, que es el tema central de la serie. Al centrarse en la sombra para concebir la luz, en forma de estallidos de color, Warhol regresa al problema fundamental del arte: la percepción. Como el mismo afirmó, “cuando miro las cosas, siempre veo el espacio que ocupan. Siempre deseo que reaparezca el espacio, que se vuelva atrás, porque es un espacio perdido cuando algo hay en él”.