Por el río Mandeo desde el Coto de Chelo: el alma de la fraga

Desde el Coto de Chelo a la central hidroeléctrica de Zarzo, a las afueras de Betanzos, el río Mandeo nos muestra todo el color del otoño en la fraga coruñesa. Senderismo de fácil acceso y escasa dificultad para grandes y chicos.

Ruta del río Mandeo
Ruta del río Mandeo

Finales del siglo XV: los Reyes Católicos otorgan a Betanzos la capitalidad de una de las provincias del Antiguo Reino de Galicia. Situado sobre la ría y el castro de Untia, a cuyos pies desemboca el Mandeo, uno de los tres ríos que recorren este pequeño municipio coruñés, el casco antiguo de Betanzos está declarado Conjunto Histórico-Artístico desde la década de los setenta del pasado siglo. A principios de noviembre se celebra aquí su feria más multitudinaria y antigua, la de las Castañas. Una buena excusa para hacer la sencilla ruta senderista que parte del Coto de Chelo, en pleno corazón de las fragas del Mandeo.Helechos

Siguiendo el trazado de la N-VI, a doce kilómetros, se llega a Colantres: a la izquierda de la carretera un cartel indica el desvío hacia el Coto de Chelo, punto de partida de la ruta. La cuenca inferior del Mandeo pertenece a la Red Natura 2000, un espacio natural protegido con un importante patrimonio etnográfico y de desarrollo sostenible en cuya protección comenzó a trabajar la Diputación de A Coruña años atrás. El desvío de la N-VI conduce, en un rápido descenso por una estrecha pista, hasta la represa del coto pesquero (unos tres kilómetros aproximadamente). Aquí comienza la ruta, junto al Aula de Interpretación de Chelo, un centro de recepción de visitantes sin horario conocido.

Hay un antiguo molino y una pasarela que salva el cauce. También un merendero y una zona de baño ideal para el verano. El itinerario es sencillo: recorre el margen izquierdo del Mandeo (el mismo al que se llega por la pista y donde aparcaremos). A unos cien metros el camino salva un pequeño regato, conocido como "Rego das Bouzas" y, poco después, llega hasta el cruce de Espenuca. La ruta sigue defrente, bien pegada al curso del río, en un espacio repleto de unas enormes formaciones de piedra que medio kilómetro más adelante alcanza la pasarela de las Pedreiras y, luego, las ruinas de la presa de Cabra y lo que queda del balneario de Bocelo.

Sus aguas, con propiedades medicinales, se utilizaron sobre todo antes de la Guerra Civil pero en los años cuarenta un incendio acabó con lo que quedaba del centro termal. Dejaremos a la derecha el desvío que asciende a la Espenuca por el pico Picouto, siguiendo la guía del río. Aproximadamente un kilómetro después se llega hasta la central hidroeléctrica del Zarzo, punto de retorno del itinerario propuesto (también cabe la posibilidad de seguir la senda fluvial hasta su final, otro kilómetro después, en el llamado Camiño das Fervenzas; todo depende del tiempo disponible y de los ánimos). El regreso puede hacerse por la orilla contraria cruzando la pasarela del Zarzo, junto a la central, hasta llegar nuevamente al Coto de Chelo. En total, casi siete kilómetros de agradable paseo por un bosque de ribera que durante el otoño nos muestra su cara más melancólica: la de alisos y fresnos vistiendosu traje de fiesta.