Eco-Viajes

Horizontes de La Pedriza: del Collado del Terrizo a Quebrantaherraduras

No todo van a ser dos miles en el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares. La travesía entre la entrada del espacio natural y los collados del Terrizo y Quebrantaherraduras es un recorrido apto para todos los públicos que muestra alguno de los caminos menos masificados de este emblemático rincón de la sierra de Madrid.

Bajando al Collado de Quebrantaherraduras
Bajando al Collado de Quebrantaherraduras

Uno de los problemas que encuentra el cada vez más numeroso público que acude a la llamada del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares es la limitación de acceso de vehículos que se sufre los sábados y los domingos. La barrera de acceso para coches se abre a las ocho de la mañana y en menos de una hora el cupo se completa así que no es difícil ver largas colas a la espera de que los más madrugadores vayan saliendo, en forma de goteo. Mucha gente carga con los niños y las neveras y se adentra a pie en el espacio natural camino de Cantocochino.

Los ciclistas, sin embargo, eligen una variante a la de subir las empinadas laderas del collado de Quebrantaherraduras: la de seguir la traza de la vieja pista forestal que antaño se adentraba a través del Collado del Terrizo, al abrigo de la Sierra de los Porrones, y que desemboca en las entrañas del Parque Regional muy cerca de Cantocochino. Nosotros te vamos a proponer una ruta aún más chula: solitaria, umbría y apta para todos los públicos. La duración de la caminata es de unas dos horas y media: se trata de una suave ascensión en la que apenas notarás el desnivel y que te ofrecerá unas panorámicas bellísimas del entorno.

Aparca junto al Centro de Educación Ambiental. El lugar es de sobra conocido: desde Manzanares el Real a la entrada del Parque, por el desvío de la M-608 (en dirección a Cerceda). Hay una gran explanada que invade -literalmente- la cañada que une Manzanares con El Boalo y Mataelpino y que sólo se pone a tope los sábados, domingos y fiestas de guardar. Olvídate de los atascos, los cupos y aparca aquí el vehículo. Una alternativa, si viajas con niños, es visitar el Centro de Educación Ambiental: además de una exposición sobre la fauna y flora del Parque hay un jardín de aromáticas).

La ruta deja a la derecha la entrada para coches del Parque Regional y enfila la cañada que continúa a su izquierda, simbiotizada con el GR-10 y las flechas amarillas que balizan el Camino a Santiago madrileño, en dirección hacia El Boalo y Mataelpino. A la derecha, la valla metálica que delimita el espacio natural protegido. Caminarás unos quince minutos y, justo antes de salvar el cauce seco de un arroyo, a mano derecha verás una puerta. Dejaremos atrás la cañada y tomaremos el sendero, extrecho, que se pega a la valla de piedra.

El paisaje es precioso, en especial durante los meses de primavera: al pie de la Sierra de los Porrones hay unas extensas praderías en las que suele pastar el ganado. Con la guía del cercado de piedra a tu izquierda, continúa por el sendero otros quince minutos antes de que ascienda súbitamente, y en zig-zag, al encuentro de la vieja pista forestal que conduce al collado del Terrizo. Llevarás unos 30 minutos de suave caminata en este punto.

Puedes seguir el trazado de la pista o ir acortando campo a través por los senderos que la atraviesan hasta alcanzar la cota más alta del recorrido. Justo desde aquí (hora y cuarto de caminata), a la derecha, verás que nace un pequeño sendero que atraviesa el bosquete de jara y desciende al encuentro del PR (sendero de pequeño recorrido) que conduce hasta el collado de Quebrantaherraduras. Es un paraje con mucha historia literaria: los expertos sitúan justo en esta zona el paraje en el que se topó don Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, con la célebre serrana.

Otros veinte minutos de agradable paseo conducen, primero, hasta el Mirador de Quebrantaherraduras y, segundo, hasta el collado del mismo nombre. Toma la senda que, por la derecha, comienza a descender en zig-zag siguiendo el maltrecho camino de herradura que va dejando atrás el collado. Tienes otra media hora de camino hasta alcanzar nuevamente la valla de acceso al Parque Regional y el aparcamiento donde dejaste el coche al principio del itinerario.